El liderazgo que no se dice, se vive:

Lo que he aprendido de mi mentor sobre el liderazgo

En este tiempo he estado reflexionando mucho sobre el liderazgo. No el que se grita, no el que se impone, ni siquiera el que se celebra en voz alta. Hablo del liderazgo que se vive en silencio.
Del liderazgo que no se explica, pero se siente. Del que se transmite sin instrucciones, sin exigencias, sin promesa, pero que transforma.
Y en esa reflexión, no puedo evitar pensar en Borja Chenoll, mi gran mentor.
Borja no es solo un líder. Es mi mentor, mi amigo, mi referente. Y lo curioso es que todo lo que ha generado en mí —y en muchos otros— lo ha hecho sin “liderarnos” de la manera convencional.

Un liderazgo individual, reflexivo profundo y psicológico

Tiene una forma de estar que impacta sin hacer ruido. Podría tener miles de personas escuchándole en grupo, pero su verdadero impacto ocurre en espacios íntimos, en conversaciones uno a uno, en esos momentos donde te lanza una pregunta que te revuelve por dentro y te deja reflexionando durante días.

No te dice qué hacer.

No da instrucciones.

No prejuzga, no invade.

No reparte recetas.

Solo actúa.

Y te observa mientras tú eliges tu propio camino.

Y ahí está la magia: su liderazgo nace del respeto por tu autonomía, por tu criterio, por tu conciencia. Pero cuidado: no te confundas,Borja no es un líder complaciente. Es un líder firme, honesto, y directo.

El arte de la corrección sin culpa

Borja no tiene problema en decirte las cosas a la cara cuando quieres exigir o estas en problemas por tu falta de responsabilidad. No siente culpa por hacerlo. No se enreda en tus excusas ni se deja atrapar por tus bucles emocionales.

Él entiende que tu progreso no es su responsabilidad, es la tuya.

Las dos grandes lecciones que me ha dejado Borja

1. Su capacidad para crear marcos de referencia

Tiene pedagógica absoluta y se evidencia en sus analogías, ejemplos e historias que reflejan sus años de experiencias.  No te da soluciones. Te da perspectiva. Y desde ahí, te invita a autoanalizar, a autocorregir y a madurar indirectamente

2. Su capacidad para poner límites

Tiene un sistema inmunológico emocional muy sano. No permite abusos. No deja que nadie le robe energía, tiempo ni paz. No porque sea egoísta. Sino porque él también está en su propio camino, construyéndose, sosteniéndose firme. Por ello, si nuestros caminos coinciden, genial. Pero no va a frenar su avance por nadie, especialmente porque comprende claramente que el deber moral de un líder es avanzar aun cuando nadie más decida hacerlo.

Un liderazgo de integridad silenciosa
Ese liderazgo no busca reconocimiento. Tampoco necesita validación externa. No espera ni quiere ser querido por todos, ni encajar en todo.  Su liderazgo se basa en la coherencia, en profundidad, en respeto mutuo y en poder a través del ejemplo.

Borja no te da todo.
Te muestra todo.
Y desde ahí, tú decides si lo tomas.

Él es ese tipo de líder que no te dice por dónde ir, pero aparece con una lámpara en el camino y te pregunta: “¿Cómo te sientes? ¿Qué estás eligiendo? ¿Qué temes? ¿Qué crees que no estás viendo?” Y esa es su manera de guiarte: activando tu propia conciencia.

Un liderazgo transformacional que moldea sin imponer

Lo que Borja ejerce es un liderazgo basado en el modelado. Ese fenómeno en el que aprendemos no por lo que alguien dice, sino por lo que alguien es. Lo observamos en acción. Vemos cómo actúa ante el conflicto, ante el éxito, ante el error. Y lo más potente: vemos cómo lo sostiene con dignidad.

Un Liderazgo no entregado a cualquiera

Solo se vincula con quienes han demostrado compromiso, acción y una verdadera disposición a aprender. No se trata de exclusión, sino de coherencia: respeta el tiempo, la energía, y honra el proceso de quien sí está haciendo el trabajo. En mi caso, me siento reconocida —pero no porque se me haya dado un privilegio— sino porque he trabajado por ello. Porque los resultados que he construido con constancia me han permitido estar cerca, aprender y seguir evolucionando.

También he aprendido que la influencia más poderosa ocurre en corto. No se trata de mover masas por emoción, sino de impactar de verdad, uno a uno, desde la verdad. He observado cómo en muchos espacios, cuando hay que enfrentar dificultades o tomar decisiones difíciles, el ruido se apaga. Pero cuando el respeto se ha construido con profundidad, no hace falta espectáculo: hay presencia real. He sentido que dentro de esta cultura de liderazgo existe una ética de trabajo muy clara: no se reparten privilegios, no se endulza el camino. Se previene, se prepara y se exige conciencia. Porque si de verdad queremos formar líderes con impacto, hay que tener conversaciones reales, poner límites, y construir relaciones sólidas, no dependencias.

Y cuando alguien con esta visión decide acompañarte, lo hace con toda la presencia. No se esconde detrás de un grupo de WhatsApp, ni detrás de eventos masivos o formaciones genéricas. Si ve que estás en movimiento, aunque te equivoques, si ve disposición genuina, se involucra de verdad. Entra hasta donde haga falta: a tu casa, a tu caos, a tu sofá, a tu vida. Comparte contigo momentos reales, hace preguntas que remueven y genera espacio para que te reencuentres contigo mismo.

Y la gracia de este tipo de mentoría no está solo en lo que se enseña, sino en lo que se despierta. Porque cuando se trabaja la influencia de esta manera —íntima, exigente, verdadera—, lo que se activa no es obediencia, es liderazgo en profundidad. Y cuando eso ocurre, se crean líneas largas, negocios sólidos, estructuras estables no solo en producción, sino también en cultura, en visión. Eso, sinceramente, no todo el mundo sabe hacerlo.

Ahí es donde ocurre la  transformación cuando ambas partes hacen su trabajo:
quien guía con presencia y coherencia; y quien aprende con confianza máxima, humildad, hambre y acción.

 Ese lugar donde el mentor no entrega respuestas, sino espejos. Y el aprendiz no espera ser rescatado, sino que se atreve a convertirse en su mejor versión. Y eso genera una lealtad inexplicable. Una de esas que no se pide ni se negocia. Se da.

Porque como decía al principio:

“El verdadero liderazgo no impacta por lo que se dice, sino por cómo se vive” Y esto es liderazgo puro, liderazgo transformacional.

Mágico, ¿no?
A mí me fascina y me reconozco afortunada teniendo a una persona que haya dedicado años de su vida a enseñarme con paciencia todo lo que ha aprendido haciendo este negocio.

Cristina Isacura.

Post relacionados

Comparte

Últimas publicaciones

error: Content is protected !!
Cristina Isacura
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.